La mañana llegó y todos desayunaban alrededor de la enorme mesa. Margaret sonreía discretamente mientras George le ayudaba a servir café y ambos se lanzaban miradas furtivas que no pasaban desapercibidas para Marcus.
—Niños, si quieren pueden ir a la oficina directo, George y yo podemos ir a dejar a los mellizos al jardín y en la tarde ustedes pasan por ellos. ¿Les parece la idea?
—¡Sí, papi! Así vamos por helado con mami.
—Está bien, entonces nosotros nos vamos a la oficina.
Fabiano apareció b