Llegó la hora de ir por los niños, y Fabiano, incapaz de ocultar su entusiasmo, golpeó la puerta con una sonrisa. Victoria no tardó en salir, radiante, vestida con jeans y una polera sencilla que la hacía verse más juvenil, más viva, más ella.
—Hola, princesa… ¿lista para ser una tía ejemplar?
Victoria sonrió, acomodándose el cabello.
—Sí… vamos.
Subieron al auto y en pocos minutos llegaron a la escuela. Aún no salían los niños, así que se quedaron esperando cerca de la entrada. Fabiano la mira