Ya en el parque, los niños corrían de un lado a otro, riendo sin parar. Fabiano miró alrededor con atención; había hombres dispersos por todo el lugar, algunos sentados leyendo un periódico, otros tomando café en las bancas cercanas. A simple vista parecían personas comunes, pero él sabía perfectamente quiénes eran: los guardaespaldas que Gerald había puesto. Nadie sospecharía de ellos, y eso le daba cierta tranquilidad.
Los niños jugaban en los columpios, mientras Fabiano se sentaba junto a Vi