Marcus salió del despacho después de la reunión con los chicos con el ánimo por el suelo. Sentía el peso de todo lo que acababan de descubrir sobre la empresa y, por primera vez en mucho tiempo, deseó que todo aquello fuera solo una mala intuición. Sin embargo, apenas cruzó el pasillo, unas voces infantiles lograron arrancarlo por un instante de todas aquellas preocupaciones.
—Entonces, ¿podremos hacer boda doble como el tío Faby y el tío Gerald?
—¡¡Siiiiii!!
Marcus levantó la vista y se quedó