Ismael estaba en su oficina cuando, de pronto, la puerta se abrió y Vanessa entró con dos cafés en las manos.
Ismael levantó la mirada.
—¿Qué haces aquí, Vanessa?
—Ay, pero qué pesado eres. Solo vine a traerte un café. Hoy puedo hacer uso de la sala de juntas, ya sabes, aún no tengo mi propia oficina ni un lugar físico para mi empresa.
Ismael cerró el celular, se puso de pie y rodeó el escritorio mientras ella avanzaba con tranquilidad.
—Dime la verdad, Vanessa. Nos conocemos lo suficiente como