La noche me regaló la calma que tanto necesitaba. Brian me acompañó hasta mi casa, donde se quedó un rato conversando con mi madre, y al despedirse me besó la frente como si quisiera sellar la promesa de que todo estaría bien. Pero mientras me quitaba los zapatos y me dejaba caer en la cama, la duda me asaltó: si Brian y yo estábamos juntos, ¿podría soportar que parte de su familia jamás me aceptara? ¿Hasta qué punto estaba dispuesta a luchar por nosotros? El recuerdo de Jonathan, con su mirada