En ese momento, mi alma fue arrancada, abducida por un ovni para hacerme sufrir, y, tras experimentar miles de años de tormento, volvieron a meterme en mi cuerpo. Mis dedos temblaban sobre el aparato electrónico. No, eso era imposible.
No podía ser real.
Miré la foto con detenimiento: una, dos, tres, cuatro veces. Amplié la imagen buscando hasta la última de sus pestañas para comprobar que no era un actor pagado, un maniquí, un hermano gemelo perdido o un clon. Estaba sumamente estresada mientr