46. Déjate llevar
Esa noche se suponía que íbamos a cenar juntos, pero los señores Castillo nos dieron la oportunidad de comer en nuestras habitaciones para “más privacidad”. No sabía si en cada habitación habían sido premiados con la “manta del amor”, pero era sumamente gracioso.
Colocamos la manta a un lado de la cama mientras ambos revisábamos nuestros teléfonos, pues habíamos adelantado buena parte de nuestro trabajo para tener esta semana libre.
—Laurent, ¿quieres ver una película o algo?
—Claro, ¿por qué n