33. Otra vez
El momento era perfecto. Como sacado de una de esas películas que nunca terminan mal. Estábamos de pie, aún demasiado cerca, con sus dedos entrelazados con los míos como si nuestras manos ya hubiesen decidido por nosotros. El aire estaba en silencio. Todo era tan nuestro, tan privado, tan íntimo… que, por supuesto, alguien tenía que arruinarlo.
La puerta se abrió sin previo aviso. Otra vez. El taconeo fue la primera alerta. El perfume… ese perfume que me hacía pensar en serpientes disfrazadas d