27. ¿De qué hablas?
Por un segundo creí que Brian tragó en seco. Se levantó del asiento como si fuera un preso listo para ir a la silla eléctrica y necesitara una buena razón para no morir.
La rubia solo me sonreía, sin dejar de observarme de arriba abajo, haciéndome sentir aún más pequeña.
Yo la observaba de forma fría.
No dejaría que me rebajara con la mirada, no se lo permitiría.
Creí ver a Brian acomodarse el cuello de su polo, dejando escapar una sonrisa ligera. La misma sonrisa que usaba para cerrar un contr