18. ¿A qué viniste tú?
Su pregunta, aunque era sumamente sencilla, tenía ese peso peligroso. Como si se ocultara algo explosivo tras sus palabras. Su mirada seguía en mí. Penetrante. Demandante. Mía. Tragué en seco una piedra invisible, sintiéndome ahogada por el ambiente cada vez más denso.
—No quiero hablar contigo, Brian. Si no es sobre mi renuncia, entonces no quiero saber nada.
Mi tono fue visceral. Puro veneno contenido.
—Laurent… —arrastró mi nombre con una seducción tan absurda que provocó un escalofrío aut