54. La maldad no para

La pequeña Esperanza ríe con Liliana, ambas sentadas en la cama mientras Briseida prepara el desayuno. Acaba de bañarla y tiene su pijama ya puesto. No suelta su peluchito por nada, y Liliana también le gusta que no lo suelte porque ella misma se lo compró.

—Eres una niña muy linda —Liliana la carga ya. La bebé ríe, en especial hoy, que se levantó sin tanta tos—. Y vas a tener muchos juguetes, y muchas cosas que te daré. Y te daremos.

—Aquí está listo, señorita Liliana —Briseida sonríe. A Esper
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