48. Más cerca que nunca
Esperanza duerme tranquilamente en una camita, mientras las dos mujeres la miran entre asustadas y alarmadas. Sobre todo Briseida, quien no volvió a tocar aquellos regalos hasta que la doctora Liliana llegó.
Liliana suspira y cierra los ojos. A Briseida le pide ya salir del cuarto. Ahora en la sala, es Liliana quien, con ligero temor vuelve a Briseida.
—¿Cómo era esa mujer?
—Muy fina. Muy linda. Llevaba un vestido que jamás había visto en mi vida. Se lo juro, doctora. Parecía muy amable —