36. No todo está perdido
—¡Ah! —el desconocido se queja cuando Juan Pablo ya lo tiene sin aire. Pero logra zafarse y empujar a Juan Pablo.
Se aleja de inmediato cuando la navaja que utiliza el desconocido se advierte. Juan Pablo permanece alerta, cuidándose del filo. Pero su mirada de furia no ha cambiado, probablemente no cambie.
—Tienes una última oportunidad, señor Villarreal. O sales de aquí mañana mismo, o te condenas para siempre aquí encerrado —el desconocido habla otra vez, tocándose el cuello—. Le recomiendo p