10. No disfrutan de la verdad
Desde que era una niña Esmeralda Torres siempre, en todo momento y a cada segundo de su existencia lo único que podía solventar la envida contra Gladys fue desaparecerla.
Lo logró.
—Mamá —la vocecita de un pequeño niño de tres años se oye cuando las puertas de su habitación se abren. El pequeño la abrió sin querer—. ¡Mamá, cárgame!
Pero Esmeralda solo sigue viendo la ventana, sumergida en sus pensamientos frívolos.
«Desgraciada. Apareciste. ¿Acaso no fue suficiente para ti quedarte muerta?» No