Capítulo 83: Promesas.
El cielo tenía el color opaco del cemento viejo, y el viento parecía llevar consigo secretos que nadie se atrevía a susurrar en voz alta. Frente a la capilla privada, unas pocas coronas —blancas, casi desangeladas— flotaban sobre trípodes cubiertos de lluvia fina. Los presentes hablaban en voz baja, como si gritar pudiera revivir lo muerto. El nombre de Lucrecia brillaba en la tarjeta sobre la corona más grande; alguien había querido que su recuerdo se viera impecable, aunque nada allí devolvie