Capítulo 57: La habitación desconocida.
Elena despertó con un sobresalto, el corazón bombeando como si aún estuviera sobre aquella tarima, con las luces cegadoras y las miradas sucias de aquellos hombres evaluándola como si fuera una pieza de ganado.
Pero no estaba allí.
Lo primero que percibió fue la suavidad de las sábanas. La tela era limpia, con un aroma tenue a lavanda. El colchón bajo su cuerpo era mullido, cálido, demasiado ajeno al suelo frío y duro al que creía destinada. Parpadeó varias veces, confundida. El techo blanco y