Capítulo 38: Cita fallida.
Elena ajustó el tirante de su vestido negro frente al espejo del ascensor. No era excesivamente elegante, pero tenía la caída perfecta, el escote justo y un tacón no tan alto que hablaba de sobriedad y coquetería en la misma frase. Un detalle que había aprendido a manejar con los años; el equilibrio. El cabello, suelto, con ondas suaves. Labios color vino, pero no tan marcados como para robar protagonismo a su mirada.
No podía negar que había nervios en su estómago, aunque intentara convencerse