Capítulo 32: Déjame vivir en el infierno.
El silencio era espeso como la niebla cuando Elena cruzó las puertas de cristal del edificio Valdivia Enterprises. Su andar era firme, la mirada clavada en el frente, sin prestar atención a los murmullos que se deslizaban como serpientes entre los empleados. Ese día llevaba puesto un conjunto blanco marfil, inmaculado, que contrastaba con el gesto sombrío en su rostro. Nada en su porte anunciaba el terremoto que se avecinaba. O tal vez sí. Tal vez todos lo presintieron.
Porque allí estaba ella,