Elena se irguió en la silla, su expresión se volvió pétrea. Sebastián captó el cambio en el ambiente, pero no dijo nada. Observó.
Camila caminó hacia ella apenas la vio, con la actitud de quien se cree protagonista de un triunfo que no merece. Su rostro reflejaba una felicidad fingida, teatral.
— ¡Hermana! Qué sorpresa encontrarte aquí — saludó con una sonrisa que olía a veneno —. Te ves… muy bien. ¿Tú también vienes a sanar el corazón con café con otro hombre?
Elena sostuvo la taza entre su