Capítulo 26: Puedes seguir odiándome.
La recepcionista tecleaba con rapidez mientras lanzaba miradas nerviosas al hombre que estaba de pie frente al mostrador. Su presencia imponía, pero era la tensión en sus hombros y la furia contenida en su mirada lo que hacía que todos a su alrededor se sintieran pequeños.
— Se lo repito, señor Dreveux, no está autorizado a subir sin una cita previa — dijo la joven, tragando saliva mientras sostenía el auricular del teléfono con los dedos temblorosos.
Alexander clavó sus ojos oscuros sobre ella