Paz despertó con lentitud, como si el mundo se hubiera detenido a su alrededor.
Durante días había estado atrapada en un abismo de oscuridad, sin conciencia de lo que sucedía fuera de su mente.
Pero ahora, cuando sus ojos se abrieron, la luz la cegó momentáneamente, y por un instante no comprendió si estaba viva o soñando.
Fue entonces cuando la verdad comenzó a infiltrarse en su mente: el trasplante, la operación, la batalla por su vida.
—¿Quién? ¿Quién fue el donante? —preguntó, su voz ronca y