Al llegar a la mansión Eastwood, Terrance no tardó ni un segundo en llevar a Paz hasta la cama.
La acunó con suavidad, cuidando cada movimiento como si su vida dependiera de ello.
Con manos temblorosas, pero decididas, comenzó a limpiar y curar sus heridas, cada roce de su mano, un recordatorio de lo cerca que estuvo de perderla.
El silencio entre ellos era pesado, lleno de palabras no dichas, pero también de una comprensión profunda, como si todo lo que necesitaban saber el uno del otro ya estu