Terrance estaba sentado en la fría sala de espera del hospital, sus manos temblaban mientras apretaba los puños.
Nadie le daba respuestas, y la incertidumbre lo estaba matando.
Cada segundo que pasaba se sentía como una eternidad, y aunque se esforzaba por mantener una expresión neutral, su mente era un caos.
«Paz… no puedo perderte otra vez. No después de haberte encontrado…»
Sus pensamientos eran un torbellino de contradicciones.
«Pero no debería importarme, ¿cierto? Después de todo, mataste a