Cuando Terrance llegó a su mansión, la ira lo consumía.
—¡Martín! —gritó, golpeando el escritorio con tanta fuerza que los objetos encima temblaron.
Su asistente apareció apresurado, nervioso ante la expresión sombría de su jefe.
—Averigua todo lo que puedas sobre las cámaras del bar donde Paz fue atacada —ordenó Terrance, con la voz grave y llena de determinación.
Martín frunció el ceño, intentando medir sus palabras.
—Pero, señor… las cámaras… quizás no captaron…
—¡No quiero excusas! ¡Quiero r