La atmósfera estaba tensa, el aire cargado de una expectación que se podía cortar con un cuchillo.
Todos los ojos estaban puestos en Deborah, quien, al escuchar las palabras de David, sintió que el mundo se desmoronaba a su alrededor.
—¿El hijo que esperas es de Martín? —exclamó David, su voz llena de incredulidad y asombro.
Deborah sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, y aunque su rostro permaneció implacable, sus ojos traicionaron el terror que sentía.
La furia de su padre era tan palpable