Arleth sonrió con satisfacción, cruzando los brazos sobre su pecho mientras observaba a Eugenio.
Su corazón latía con fuerza, pero no por nerviosismo, sino por la emoción de saberse victoriosa.
«Por fin hiciste algo bien, Mia. Te largarás y me dejarás el camino libre. No me importa cuán rica seas. Mientras Eugenio tenga dinero y un futuro prometedor, tú puedes irte al infierno.»
Contuvo una carcajada. Oh, cómo disfrutaba ese momento.
Mia, la "esposa perfecta", la "mujer intachable", estaba fuera