Los días avanzaron con una lentitud exasperante para Paz.
Apenas había podido dormir o comer, y cada amanecer la ansiedad se apoderaba más de ella. No dejaba de preguntarse si estaba lista para enfrentar la verdad que esos resultados traerían consigo.
El destino ya estaba escrito: los resultados estarían listos a mediodía y solo serían entregados a Terrance Eastwood en el bufete de abogados.
Ella no tenía control sobre lo que vendría después, y esa incertidumbre la consumía.
Esa mañana, mientras