Paz y Terry recibieron la noticia del nacimiento de su primer nieto con una mezcla de alegría y preocupación.
La urgencia con la que todo había ocurrido los tenía inquietos. No era así como imaginaban este momento. No con miedo. No con incertidumbre.
Caminaron en silencio hacia la sala de incubadoras, sus pasos resonando en los pasillos fríos del hospital. Paz sintió un nudo en la garganta cuando vio al pequeño a través del vidrio.
Allí estaba, tan diminuto, envuelto en un halo de luces y cables