Mila pareció reaccionar de golpe, como si una ola de conciencia la azotara en medio de su embriaguez.
Sus manos temblorosas se apoyaron en el pecho de Aldo y lo empujaron lentamente, tratando de poner distancia entre ellos.
—No… no… espera… —balbuceó, su respiración entrecortada, su mente nublada por el alcohol y la confusión—. Yo… yo quiero a…
Pero Aldo no le dio oportunidad de terminar la frase.
Volvió a besarla con la misma intensidad, con una desesperación que parecía brotar de lo más profun