Deborah sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
El terror se apoderó de su pecho al darse cuenta de que podía ser descubierta. Su piel se erizó al imaginar el desastre que podría desatarse si alguien se enteraba de la verdad.
Contuvo la respiración y apretó los puños, maldiciendo en su mente a Martín por ser tan descarado.
—¡Quítame tus manos de encima, Martín! ¿O debo llamar a Terrance? —Su voz sonó firme, pero en su interior, el miedo latía con violencia.
El hombre la soltó al instante. El