—¡A partir de hoy, te quiero fuera de mi vida para siempre, Deborah! —rugió Terrance con furia—. Y tú también, David. Ya no seremos socios. ¡Largo de aquí!
David y Linda palidecieron, mientras Deborah se derrumbaba en lágrimas.
—¡No me hagas esto, Terry! —sollozó ella—. ¡Estoy embarazada!
El silencio cayó como una losa en la habitación.
Pero los ojos de Terry estaban llenos de desprecio.
—Ya no te creo, Deborah —escupió con frialdad—. Quizás ese hijo no sea producto de un ataque, sino de una ave