—¡Maravilloso, doctor! —exclamó David con una sonrisa gélida—. Acaba de devolverme la vida. Pero antes de decidir si donaré o no… ¿Puede dejarnos a solas? Me gustaría hablar con estos caballeros en privado.
El médico se quedó perplejo. Había visto de todo en su carrera, pero nunca a un padre tan frío, hablando con tanta indiferencia sobre la vida de su propia hija.
Lo miró con desconfianza, pero asintió con un suspiro resignado antes de salir del consultorio.
El aire en la habitación se volvió e