Al ver las lágrimas correr por el rostro de Sienna, Maximiliano le puso una mano detrás de la nuca y la atrajo hacia él para besarla con desesperación, mientras bajaba la otra mano para apretarle una nalga.
Sienna intentó rechazar el beso; no iba a permitir que siguiera tratándola así. Sus lágrimas de miedo se convirtieron de inmediato en lágrimas de rabia.
—¡No… no! —gritó Sienna, sacando fuerzas de donde pudo para apartarse de él. El impulso hizo que cayera de golpe al suelo, lo que aumentó e