Sienna despertó durante la madrugada. El dolor en su cuello había empeorado y comenzó a toser con tanta fuerza que terminó escupiendo unas gotas de sangre en la palma de su mano. Sin la conexión con su loba, su cuerpo no se regeneraba y sus heridas sanaban al ritmo lento de una humana.
Se sentó en la cama y miró las pomadas que el Gamma Axel le había dejado en el buró. Tomó uno de los frascos y comenzó a extender el ungüento por la piel lastimada.
Cuando intentó dormir de nuevo, su estómago emp