Sienna caminaba de un lado a otro por toda la habitación de Maximiliano, se había puesto la camisa blanca que tenía impregnado ese aroma de macho. El miedo empezaba a apoderarse de ella. Si esa bestia la encontraba ahí, ¿cómo reaccionaría? ¿Enfurecería? ¿La echaría? No quería pasar por la vergüenza de que así fuera, y menos si esa duquesa estaba cerca.
Tal vez debió tomar otra recámara, pero sentía tanta rabia de solo pensar que Anel Belmont pasara la noche cogiendo con el rey Lycan.
—Estúpida