—¡¡Sienna, corre!! —gritó su padre, mientras se defendía del ataque de unos lobos desertores.
Sienna miró aterrorizada cómo los desertores atacaban sin piedad. Asesinaban a sangre fría a cada uno de los miembros de la manada, sin importarles si eran niños.
—Date prisa — Escuchó de nuevo, su padre se acercó a ella y la cargo sobre sus hombros, echándose a correr lo más rápido que podía.
—¿Papá? —susurró Sienna, aferrándose a él mientras avanzaban a toda prisa entre los árboles. Estaba a salvo en