Sienna soltó un grito, despertando de golpe con los ojos abiertos de par en par. Intentó empujarlo por los hombros, pero Maximiliano ni siquiera se inmutó; le tomó las manos con fuerza y las fijó a ambos lados de su cabeza, entrelazando los dedos con los de ella, y empezó a embestirla sin piedad.
Sienna arqueó la espalda y gimió sin poder contenerse. Cada estocada era tan intensa y brusca que le llenaba el coño húmedo por completo.
—Estúpida bestia… —gimió Sienna— ¡Para!
Maximiliano soltó una r