Sienna miraba con sorpresa el enorme palacio que tenía frente a sus ojos. Jamás en su vida había visto algo así; a pesar de que la mansión alfa de su tío Santiago era enorme, no le llegaba ni a los talones a ese imponente castillo.
Detrás de ella, Maximiliano no le quitaba la mirada de encima. Se había percatado de un detalle crucial: Sienna no era consciente de que su loba tomaba el control por breves momentos, justo como había sucedido en el automóvil horas atrás.
—La habitación de la señorit