—¿Cuál es tu nombre? —preguntó con la voz quebrada.
Pero el silencio volvió. No escuchó más la voz de su loba, e incluso dejó de sentir esa calidez de su presencia. Soltó un suspiro pesado y se limpió las lágrimas con los dedos, resignada, pero con una chispa de felicidad.
Después del baño, salió de la ducha con una bata cubriendo su cuerpo y una toalla enredada en el cabello. Lila y Lisa ya habían hecho la cama por completo, lo que hizo que Sienna sintiera una nueva oleada de vergüenza; record