Los días siguientes a la cena trajeron un cambio sutil pero perceptible en la mansión.
Los guardias, que antes la miraban con indiferencia o lástima, ahora la saludaban con una breve inclinación de cabeza.
Silvia, aunque seguía siendo formal, consultaba sus preferencias para las comidas con más frecuencia.
Era como si, al haber sido presentada formalmente al mundo exterior de Caleb, su estatus interno se hubiera solidificado.
Caleb, por su parte, estaba más ocupado que nunca.
Las "repercusi