El tiempo en Suiza pasó en una burbuja de trabajo y aprendizaje.
Lucia crecía día a día, cambiando de un recién nacido soñoliento a un bebé alerta y curioso. A las seis semanas de vida, sucedió el milagro.
Estaban en el salón, Caleb sentado en el suelo con Lucia boca arriba sobre una manta de actividades, mostrándole un sonajero de colores brillantes.
Emily observaba desde el sofá, sonriendo. Caleb hacía muecas tontas, algo tan fuera de lugar en su rostro duro que a Emily le entraba la risa.
—