Pasaron tres meses en Suiza. Lucia había crecido, fuerte y risueña.
La fundación había recibido su primera avalancha de donaciones tras la gala.
Era hora de volver a casa. Pero “casa” ya no era la fortaleza aislada del odio.
Era la mansión que debían transformar en un hogar.
El regreso fue planeado con tanto cuidado como una operación militar.
La mansión fue limpiada y redecorada por equipos de confianza antes de su llegada.
Las ventanas del atrio ahora se podían abrir para dejar entrar ai