La noticia del desmantelamiento se extendió como un reguero de pólvora a través de los canales discretos de la organización.
La mayoría de los hombres, leales a Caleb y agotados por años de violencia, aceptaron la oferta.
Algunos optaron por los pagos y se desvanecieron. Pero un núcleo, un pequeño grupo liderado por un hombre llamado Dante, vio la movida como debilidad.
Dante había sido un lugarteniente de confianza, ambicioso y brutal.
Para él, el imperio de Caleb no era una carga, sino un