Otro año pasó. La fundación abrió dos clínicas más.
Lucia cumplió dos años, una torbellina de energía y curiosidad que llenaba la mansión de risas y carreras.
Caleb había aprendido a construir castillos de bloques y a leer cuentos con voces ridículas.
Emily dirigía la fundación con una mano firme y compasiva, su nombre sinónimo de integridad y eficacia.
Una tarde de domingo de primavera, estaban en el jardín trasero de la mansión, un espacio que antes era solo terreno de seguridad y ahora te