El bar era un lugar de mala muerte en el puerto, frecuentado por marineros y tipos de poca monta.
Dos de los hombres de los Conti, identificados por Derek, solían ir allí los jueves por la noche.
Caleb, disfrazado con ropa de obrero y una gorra, observaba desde una mesa en un rincón. Marco y otro hombre estaban fuera, listos.
Emily estaba en la mansión, pero conectada por audio. Caleb llevaba un micrófono oculto.
—Están en la barra —susurró él, bebiendo un vaso de cerveza tibia—. Los dos. Ha