Gael
—Algo no está bien —gruñó mi lobo.
Sentí una oscilación diferente y, antes de que pudiera comprender qué estaba ocurriendo, dejé de sentir el tacto reconfortante de la mano de mi esposa entre la mía.
—¡Nora!
La superficie se abrió bajo nosotros y fui arrastrado junto a una avalancha de tierra y piedras que descendía hacia las profundidades con una fuerza imposible de resistir.
Mis manos encontraron una roca que sobresalía de una de las paredes y me aferré a ella con desesperación mientras