Tiziano
No tuve que girarme para saber quién, el olor era inconfundible: una mezcla de hierbas, tierra y una calma absurda que siempre me había provocado ganas de aplastarlo contra el suelo.
—Maltratas a la dama de esta manada. No mereces respirar el aire que ella respira —gritó, y de un manotazo se soltó de mi agarre.
Nos rodeamos; el ambiente era tan tenso que solo se necesitaba la más minúscula chispa para que se desatara un infierno.
—Es solo una loba dañada, que resulta tener sangre import