Gael
Había pasado la noche recostado contra la pared de su habitación, escuchándola dormir hasta que el sueño me venció. Cuando abrí la puerta con cuidado, la encontré ahí, en el piso.
—Mi amor… mi dulce sueño…
La herida en su cuello lucía mejor, pero no estaría tranquilo hasta que estuviera completamente curada.
—Sabes cuál es la solución, alfa del bosque… —susurró Iker.
Solo había una forma de quitar la marca en el cuello de un lobo. Y que el bosque me ayudara, yo no le temía a nada… excepto