Nora
Todo era un murmullo para mí; no había sonidos ni tampoco veía con claridad. El dolor no me permitía sentir nada más que esa herida, como si fuera un veneno que se clavara dentro de mí, consumiéndome lentamente.
La habitación era demasiado grande para contener tanto dolor, como si cada rincón se expandiera solo para recordarme lo sola que estaba en ese momento.
Las cortinas se movían lentamente con la brisa que entraba desde el balcón abierto, pero incluso ese aire parecía incapaz de alivi